La agrupación venezolana presentó en Santiago su gira “¿Dónde es el after?”, en una noche marcada por la música, la energía y una puesta en escena que convirtió el concierto en una gran pista de baile
SANTIAGO DE LOS CABALLEROS. – Llegó la noche del viernes y la Gran Arena del Cibao dejó de ser un escenario convencional para convertirse en una enorme pista de baile de la mano de Rawayana, que llevó a Santiago de los Caballeros una propuesta cargada de ritmos caribeños, reggae, rock, música electrónica y pop, fusionados con la identidad que caracteriza a la agrupación venezolana.
La primera de las dos presentaciones de Rawayana en República Dominicana, como parte de su gira “¿Dónde es el after?”, bajo la producción de Gamal, congregó a una fanaticada que llegó desde diferentes puntos del país y del extranjero para disfrutar de una noche concebida como una celebración musical.

Durante el espectáculo, la banda interpretó un repertorio de 23 canciones, recorriendo diferentes etapas de su trayectoria y conectando con un público que respondió con entusiasmo a cada uno de los temas.
Canciones como “Soltero”, “Bienvenidos a la Tierra”, “Break”, “Naguará”, “Me Pasa”, “Uber”, “Reyimiler”, “30k”, “911” y “Cimarrón”, entre otras, formaron parte de una experiencia que mantuvo a los asistentes cantando, bailando y disfrutando de principio a fin.
Una discoteca sobre el escenario
Uno de los elementos que más llamó la atención fue la propuesta visual y escenográfica.
El montaje fue concebido para simular una gran pista de baile, con muebles, plataformas y diferentes niveles que permitieron a los integrantes de la banda interactuar con el espacio mientras ejecutaban sus instrumentos conectaban a través de cada éxito musical, que el publico coreaban cada canción a todo pulmón.
Beto, Tony, Fofo y Abeja aprovecharon cada elemento del escenario para construir una presentación dinámica, en la que la música y la puesta en escena funcionaron como una sola experiencia.
La iluminación, las plataformas y la distribución del escenario contribuyeron a crear la sensación de estar dentro de una discoteca, reforzando el concepto de “¿Dónde es el after?” y llevando al público de un momento musical a otro sin perder el ritmo.

Más que un concierto tradicional, Rawayana propuso una experiencia para bailar, cantar y celebrar, demostrando por qué su propuesta ha logrado conectar con audiencias de diferentes países y generaciones.
La noche en Santiago confirmó así el vínculo de la agrupación venezolana con el público dominicano, que respondió a la invitación para convertir la Gran Arena del Cibao en una gran fiesta caribeña, donde la música fue, literalmente, la protagonista.

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