¿Qué tal es la más reciente película de Ángel Muñiz, Juego de hombre?
Es la cinta dramática con tonos de humor con la mejor terminación por parte de Muñiz. Se estrena el 20 de marzo en la plataforma Lamuvird+.
José Rafael Sosa:
SANTO DOMINGO. Hablar de Ángel Muñiz es referirse a una figura fundacional del cine dominicano contemporáneo. Su trayectoria —no exenta de polémicas ni de posiciones ideológicas marcadas— ha sido decisiva en la construcción de una industria cinematográfica nacional que hoy exhibe mayor diversidad de voces y propuestas.
Muñiz ha sido siempre un narrador visceral, interesado en provocar e incomodar para estimular la reflexión. En su filmografía se advierte una constante voluntad de interpelar la realidad social dominicana, aun cuando algunas de sus obras hayan sido cuestionadas por el peso ideológico que a veces se impone al discurso artístico.
Su filmografía incluye: Nueba Yol: por fin llegó Balbuena (1995); Nueba Yol III: bajo la nueva ley (1997); Perico Ripiao (2003); Ladrones a domicilio (2008); Y… a Dios que me perdone (2017); Sola a los 40 (2023) y Juego de hombre (filmada en 2017 y estrenada en 2026).

Con Juego de hombre (2025), el director parece alcanzar un punto de equilibrio poco frecuente en su obra. La película se erige como uno de los aportes más significativos del cine dominicano independiente reciente y confirma la madurez de un realizador persistente en su mirada crítica.
La producción —realizada por Estudios Quitasueño— afronta el reto de abordar frontalmente un tema que continúa siendo tabú en amplios sectores de la sociedad dominicana. Muñiz sitúa el conflicto en un terreno simbólicamente poderoso: el béisbol, espacio asociado a la masculinidad, el orgullo nacional y la identidad popular. Desde allí construye un drama deportivo con notas de comedia que examina las tensiones entre identidad personal, religión, familia y presión social.
Hasta ahora, otras producciones habían introducido personajes o referencias de sexualidad diversa —Hermafrodita (Albert Xavier), Cristo Rey (Leticia Tonos), Hotel Coppelia y Tiguere (José María Cabral), Más que el agua (Amauris Pérez), Candela (Andrés Farías) o Animales (José Ramón Alamá)—, pero ninguna había estructurado su drama colocando este conflicto como eje central de la historia.
La película fue escrita en 2017 y filmada en 2019. Ese tiempo transcurrido añade una dimensión particular: el espectador se encuentra con una obra que, pese a haber permanecido inédita durante años, conserva plena vigencia temática. También permite reencontrarse con el actor Miguel Ángel Martínez (EPD), cuya presencia en un papel secundario adquiere un valor emocional especial.
El desempeño del elenco constituye uno de los principales soportes de la película.
Erlyn Saúl Rodríguez Lorenzo asume el eje dramático del relato con solvencia, transitando con naturalidad entre la fragilidad emocional del personaje y la presión del entorno social.
Johnnié Mercedes, actor habitual en el universo de Muñiz, ofrece una interpretación intensa y madura, confirmando su capacidad para sostener personajes complejos.
Dennis Polonio Polanco, como Luisito niño, aporta frescura y autenticidad. Su naturalidad frente a cámara revela un joven talento que conviene seguir de cerca.
Patricia Muñoz, en el rol de la madre, vuelve a demostrar por qué es una de las actrices de carácter más subestimadas del cine dominicano, equilibrando firmeza y ternura.
Laura Guzmán logra momentos memorables en un personaje breve pero incisivo: una abuela trabajadora sexual que dirige su propio burdel y cuyas intervenciones funcionan como comentarios punzantes sobre la hipocresía social.
Pepe Sierra aporta elegancia interpretativa como líder del grupo homosexual que respalda al protagonista, mientras Richard Douglas confirma su veteranía con una actuación precisa y contenida.
Uno de los registros más sorprendentes corresponde a Francis Cruz, quien encarna a un periodista grotesco y oportunista mediante una transformación física y gestual que simboliza la degradación de una parte del oficio.
En el plano técnico, la película destaca por la cohesión de sus departamentos creativos.
La fotografía de Peyi Guzmán construye una atmósfera visual sobria y funcional al drama. El diseño sonoro contribuye a delinear el universo emocional de los personajes, mientras el trabajo de arte y vestuario aporta verosimilitud a la reconstrucción temporal.
Mención especial merecen los efectos especiales realizados por la empresa Lone Coconut. Su principal mérito es la invisibilidad: funcionan sin llamar la atención del espectador. Destacan la escena del enfrentamiento en la que el personaje conocido como El Jabao pierde parte de la oreja y la multiplicación digital del público en el estadio, lograda a partir de alrededor de mil extras.
La reconstrucción de época resulta especialmente cuidada en vestuario, peinados y dirección de arte.
Sinopsis
Sé el primero en dejar un comentario